Jugador, ¿hablas mucho con Diego?

Jugador, ¿hablas mucho con Diego?

Fabian Nuñez Seixa
Director de Tenis Internacional | Fundador de TE-MA Tennis Management | Diplomado en Gestión de Organizaciones
Deportivas Olímpicas (COI) | Autor
19 de octubre de 2026

Todos tenemos un Diego dentro de nosotros. Algunos lo escuchan demasiado. Otros han
aprendido a convivir con él.

Hace unos días, durante una conversación con uno de mis jugadores, hablamos de algo que suele acompañar a los deportistas, independientemente de su edad, experiencia o nivel competitivo: los nervios antes de un partido.

Le expliqué que sentir nervios antes de competir no solamente es normal, sino que también puede
resultar beneficioso.

Nuestro organismo comienza a prepararse para afrontar una situación exigente. El sistema nervioso se
activa, aumenta nuestro estado de alerta y el cuerpo se dispone a responder.

No deberíamos preocuparnos tanto por eliminar esas sensaciones. Incluso podríamos agradecerle a
nuestro organismo que esté haciendo su trabajo.

Además, esos nervios no duran eternamente. En muchos casos disminuyen durante los primeros
minutos de competición. A veces, incluso antes de comenzar el partido.

Pero entonces introduje a un personaje en nuestra conversación.
—¿Conoces a Diego?
—¿Diego?
—Sí. Diego. “The Ego”
Le expliqué que todos llevamos un Diego dentro de nosotros.
Diego es esa voz que aparece cuando comenzamos a preocuparnos demasiado por el resultado.
¿Y si pierdo?
¿Y si hoy no juego bien?
¿Qué pensarán los demás?
No puedo fallar esta pelota.
Diego puede transformar una situación deportiva perfectamente normal en una experiencia mucho
más exigente de lo necesario.
Y lo más curioso es que, muchas veces, Diego comienza a jugar el partido antes que nosotros.

Cuando Diego entra en pista
Mientras hablaba con mi jugador, recordé una experiencia que relato en mi libro El Tenis Mejora Tu
Vida

La protagonista es Catarina, una joven tenista portuguesa con quien tuve la oportunidad de trabajar
durante una etapa de su formación.

Viajábamos desde Oporto hacia Lisboa para disputar una competición importante. Durante el trayecto,
percibí que estaba especialmente tensa.

Decidí introducir una pausa en nuestro viaje y visitar la academia de mi amigo Pedro Felner, en Caldas
da Rainha.

Allí, Catarina tuvo la oportunidad de entrenar y compartir una experiencia con dos jugadores
profesionales, Frederico Silva y Gastón Elías.

Aquella visita cambió completamente su estado de ánimo.
Se mostró relajada, conversadora y entusiasmada. Durante unas horas, la competición dejó de ocupar
el centro de sus pensamientos.
Pero al llegar al torneo, algo volvió a cambiar.
La mirada esquiva, la tensión y las dudas regresaron.

Diego había vuelto.
Aunque entonces no utilizábamos ese nombre para describirlo.

Una derrota que terminó siendo una victoria
Catarina comenzó el partido frente a una jugadora situada entre las diez mejores de Portugal, un año
mayor que ella.
Perdió el primer set.
Pero, como explico en el libro, no lo perdió solamente contra su rival.

Lo perdió contra sus propios miedos.
En el segundo set sucedió algo extraordinario

Poco a poco, todo comenzó a fluir.
Ganó el segundo set de forma contundente.
Sin embargo, la emoción de aquel descubrimiento también tuvo sus consecuencias. Se relajó
demasiado pronto y, cuando quiso recuperar la concentración, su rival ya había tomado ventaja en el
tercer set.
Terminó perdiendo el partido.
Pero sucedió algo que nunca olvidaré.

Catarina salió de la pista contenta.
Por primera vez, comprendía las razones de su derrota y, lo que es todavía más importante, sabía qué
debía hacer para mejorar sus oportunidades en el futuro.
Había descubierto algo mucho más valioso que una victoria en el marcador.
Había comenzado a comprenderse a sí misma.

No se trata de eliminar a Diego
Volvamos a nuestra conversación inicial.
El objetivo no es hacer desaparecer a Diego.
Nuestro ego forma parte de nosotros. También participa en la construcción de nuestra identidad y en la manera en que nos valoramos.
El problema aparece cuando nuestras preocupaciones, expectativas o temores comienzan a condicionar nuestras decisiones.

En esos momentos, el jugador deja de concentrarse en lo que debe hacer y comienza a preocuparse
por lo que podría suceder.
Y aquí aparece una de las responsabilidades más importantes de quienes trabajamos en la formación
deportiva.

Enseñar a competir no consiste solamente en mejorar golpes, movimientos o estrategias.
También significa ayudar a nuestros jugadores a comprender lo que les sucede.
A reconocer sus emociones.
A aceptar que pueden equivocarse.
A entender que perder forma parte del proceso.
Y, especialmente, a descubrir que no necesitan sentirse perfectamente seguros para ser capaces de
competir.

Más allá de la pista
Con los años he comprendido que Diego no aparece únicamente en una pista de tenis.
También nos acompaña antes de una entrevista de trabajo, durante una reunión importante, cuando
debemos tomar una decisión difícil o cuando sentimos que alguien está evaluando nuestro desempeño.
Los adultos tampoco estamos libres de su influencia.
A veces confundimos confianza con ausencia de miedo, cuando la verdadera confianza también se construye aprendiendo a actuar a pesar de nuestras inseguridades.
Por eso considero tan importante enseñar estas herramientas desde edades tempranas.
El deporte nos ofrece un escenario extraordinario para hacerlo.

Porque no podemos elegir todo lo que nos sucede, pero podemos aprender a elegir cómo afrontarlo.

Catarina comenzó a comprenderlo durante aquel partido en Portugal.
Y mi joven jugador está comenzando a descubrirlo ahora.

Quizás la próxima vez que sientas nervios antes de afrontar un desafío puedas hacerte una pregunta:
¿Estoy tomando mis propias decisiones o estoy dejando que Diego decida por mí?

Porque Diego siempre tendrá algo que decir.
La cuestión es cuánto estamos dispuestos a escucharlo.
Fabián Núñez Seixa / TE-MA Tennis Management

Historia de Catarina extraída y adaptada de mi libro «El Tenis Mejora Tu Vida».
Entrenamos para mejorar; competimos para crecer.
Una pregunta para los profesionales e investigadores de la psicología deportiva:

¿Hasta qué punto consideráis que enseñar a los jóvenes deportistas a reconocer su diálogo interno
puede influir en su rendimiento y desarrollo emocional?
Me interesará especialmente conocer vuestras experiencias, investigaciones y puntos de vista.

 

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Fabián Núñez Seixa
+34 613 655 262
gestion.tema@gmail.com

 

 

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